Fajã da Caldeira do Santo Cristo

Santa Maria

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NATURALEZA

La Isla Amarilla

Por ser la isla de las Azores más al sur y al este, Santa María tiene un clima más caliente y seco, con índices de pluviosidad menores, lo cual provoca una mayor aridez de los terrenos y mayor sequedad en la vegetación, de tonalidad amarillenta. También se conoce como la isla del sol.

La isla presenta dos sectores con relieves y características distintas: una zona plana y de cotas más bajas hacia poniente, donde está el aeropuerto y Vila do Porto, y una zona más accidentada, en la mitad oriental de la isla, con una vegetación más abundante, que incluye el macizo de Pico Alto, de donde se tiene una buena vista panorámica.

La primera isla descubierta y la primera isla poblada, Santa María, también fue la primera isla de las Azores en formarse, emergiendo del fondo oceánico hace cerca de 10 millones de años. Esta edad y su diversificado pasado geológico están en la base de las características geológicas y paisajísticas únicas que la isla ofrece.

Paisajes Volcánicos

El paso de los milenios y la inexorable acción del tiempo provocó la alteración de las rocas y la aparición de nuevos terrenos en la isla de Santa María. De estos, porque fueron modelados en condiciones climáticas muy diferentes de las que existen hoy en día en la isla y en las Azores, se destacan los barreiros  de Santa María, de color rojizo anaranjado, aspecto árido y naturaleza arcillosa. El Barreiro da Faneca, conocido como “desierto rojo”, hechiza al visitante con su superficie ondulada y suave, con tonalidades diferentes dependiendo de la hora del día.

En el Poço da Pedreira, en Pico Vermelho, el tono cromático de la isla se mantiene. Y en esta antigua zona de extracción de piedra, la naturaleza colaboró con el hombre y permitió la aparición de una masa de agua en la base de la antigua zona de explotación, creando un paisaje único, testigo del papel regenerador de la naturaleza.

En la Baía dos Cabrestantes, la pequeña floración de tobas volcánicas submarinas de tonos amarillentos no permite ver su verdadera grandeza: la formación geológica más antigua de Santa María y de todo el archipiélago.

La idiosincrasia de las formas volcánicas asume una grandeza elocuente en Ribeira do Maloás, donde una disyunción prismática de colada lávica basáltica milenaria se muestra a los visitantes. La extensa y alta pared de columnas de lava recuerda la Calzada del gigante de otros parajes e invita a un pausa para contemplarla.

En la Cascata do Aveiro, una imponente caída de agua con 110 metros de altura, o en la Ponta do Castelo, con el altanero Faro de Gonçalo Velho como centinela, el sentimiento es el mismo: la grandiosidad del paisaje.

Siendo la isla más antigua de las Azores, Santa María tiene registradas en sus rocas volcánicas y sedimentarias las diferentes oscilaciones del nivel del mar que ha habido desde los orígenes del océano Atlántico. Esto también puede ser observado en la Pedreira do Campo, donde una colada basáltica formada bajo el océano y calizas que albergan en su seno innumerables fósiles de organismos marinos (como conchas, corales y algas) son el testigo de la realidad geológica de la isla hace cerca de cinco millones de años.

En otros locales de la isla las rocas sedimentarias preservan fósiles de diferentes organismos marinos que en otro tiempo poblaban los mares vecinos de Santa María: dientes de tiburón, esponjas, erizos de mar, diferentes tipos de conchas e incluso huesos de cetáceos están entre estos fósiles, que pueden ser admirados en el Centro de Interpretación Medioambiental Dalberto Pombo, así como en el centro histórico de Vila do Porto.

La Costa

La recortada costa de la isla con sus altas puntas rocosas y amplias y resplandecientes bahías de aguas tranquilas y cristalinas son una invitación permanente al descubrimiento y la admiración. Es el caso de las bahías de Cré, Raposo y Tagarete, entre otras muchas.

En São Lourenço, la belleza natural de la delicada bahía, con el islote de Romeiro en un extremo, se complementa con la gracia de la presencia humana. Los bancales de la viña, el blanco de las casas junto al mar y los campos agrícolas que dibujan el terreno, completan una de las vistas panorámicas más cautivadoras de las Azores, que puede ser apreciada de cerca y de lejos, a partir del mirador de Espigão.

En Praia Formosa el sol brilla con intensidad en sus arenas claras, alimentadas por las rocas sedimentarias blanquecinas que forman las cuestas y que justifican el título de “las playas más claras de las Azores”. El largo y estrecho arenal lo vigilan las ruinas del fuerte de São João Baptista y es el lugar de paso entre el azul del Atlántico y el verde de la cuesta que abraza la bahía. Menos exuberantes, las pequeñas playas del eje de Figueiral y Bahía de Lobos y las calas de Prainha y Sul invitan al aislamiento.

La naturaleza volcánica de la isla modeló piscinas naturales en Maia y Anjos, a las que se unieron excelentes infraestructuras de apoyo para la práctica de baños.

GEOGRAFÍA

La isla de Santa María se extiende por 16,6 km de largo y 9,1 km de ancho máximo, ocupando una superficie de 97 km2, donde viven 5.552 personas (datos de 2011). Santa María forma parte del grupo oriental del archipiélago de las Azores, junto con San Miguel, isla que está a 81 km. El punto más elevado de la isla, a 587 m de altitud, está situado en Pico Alto, a 36°58’59’’ de latitud norte y 25°05’26’’ de longitud oeste.

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